LA KEIKO QUE SE NOS VIENE

 

Por Johnson Centeno.-

Tras su moderado primer mensaje presidencial, la hija del expresidente Fujimori ha marcado la cancha de su primer gobierno enfatizando su apuesta por el orden, disciplina y metas claras, asegurando que recibe un Estado “catastrófico” (sic), a partir de lo cual espera desarrollar los 1826 días de gestión… si es que llega.

Valgan verdades, se cifraron muchas expectativas en su mensaje inaugural, después de una década convulsa caracterizada por la mediocridad y la improvisación desde el Gobierno, máxime si la ahora presidenta venía de una cuarta campaña electoral, y especialmente de una segunda vuelta donde —como ocurre normalmente en las campañas en el Perú—, se prometió de todo.

 

No obstante, debe ser uno de los pocos mensajes de esta naturaleza donde su autor apela al método en la gestión pública, comprometiéndose en las métricas de la planificación, ejecución y cumplimiento, más allá de la típica retórica que la vieja usanza nos tenía acostumbrado, y donde cada discurso era un nuevo episodio de Sport Billy. Pero para ser real en sus alcances, el mensaje deberá ser internalizado en sus diversos ministerios y respaldado por un conjunto de reglas donde los beneficiarios y demás actores no deben ser ajenos. Así de fácil puede ser la administración pública. Así de compleja. Para todo lo demás está Porky.

 

El tándem fenómeno de El Niño e inseguridad merecieron un tratamiento conjunto por un orden estrictamente metodológico pues constituyen amenazas distintas, pero el carácter y eficacia del mensaje no podía desaprovechar esos primeros minutos de atención de su auditorio (vaya que este asesor sabe hacer las cositas), aterrizando el discurso y poniendo las cosas claras: esto es lo que queremos, pero esto es lo que podemos hacer. Por supuesto que Ud. nunca escuchó estas palabras. Fueron enviadas sibilinamente al subconsciente.

 

Es por ello que las propuestas de este primer tramo del mensaje son las más reconocibles y no han merecido mayor controversia de parte de los especialistas en Willax, y dígase de paso, son las más modestas dada las circunstancias: ¿o debemos asumir que las obras de prevención (estando con los efectos climáticos encima) y la construcción de cárceles nos van salvar la vida? Tampoco, tampoco…

 

Es el método de Keiko. Estudiar las limitaciones del escenario, hablar exacto (salvo una sesión de coach con Ismael Cala, donde te puedes despachar hasta levitar), y anunciar parches para un largo, muy largo plazo, donde sino puedes cerrar etapas será por afectaciones exclusivamente ajenas a la voluntad del Gobierno. De otro modo no se explica la presencia, en su Gabinete, de la dupla Espá – Belaunde, pues parecen más puestos por la oposición con el ánimo de petardear su primera conjugación entre Ejecutivo y la Cámara Baja. Probablemente sean las primeras cabezas en rodar. Rey y Sheput no están allí para hacer obra, vamos, bien sabemos que tienen clara vocación de perros de presa o, digámoslo en términos de marketing político: voceros de choque. El ‘Burbujito’ está porque esa cartera no le aceptó Melcochita. Puede ser hincha, pero no cojudo. Mejor lo hubiera puesto a Mark.

 

La construcción de un verdadero liderazgo debe pasar incluso por la antipatía, y los fuegos artificiales tienen fecha de vencimiento. Keiko está a tiempo de demostrar que su proyecto trasciende la lógica de la campaña permanente y a tiempo de comprometerse con los desafíos que realmente condicionan el futuro del Perú. Mientras tanto en su mensaje de ayer no hubo planteamientos de fondo para desestructurar la pobreza ni la exclusión, tampoco pretendió dejar jirones de su vestido en una propuesta educativa que implique un real significado para las mayorías. Tampoco miró al sur como le aconsejaron algunos de sus asesores. Menos una línea contra la corrupción, y menos justicia para las muertes que siguen rondando Palacio. 

 

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