UN NOBEL DE PAZ BIEN MERECIDO



El premio Nobel de Paz que recibió el Presidente Santos debe enorgullecer a todos los colombianos. Y no es para menos, gracias a él terminará una profunda guerra que impactó negativamente al país por más de cinco décadas con graves efectos en lo económico, en lo político y en lo social.

Y es que no fue fácil, durante más de 6 años de duras negociaciones se logró llegar a un acuerdo que cuenta con aceptación internacional y cuyo modelo ya es ejemplo para solucionar otros conflictos del mundo. Hoy Colombia es un oasis en medio de todas las turbulencias internacionales al haber terminado una larga guerra y recuperar así su economía, proyectándose de ese modo como una gran potencia.

No obstante, nadie contó con la trampa que quisieron hacer los amigos de la guerra que pasaron del NO en el plebiscito al NUNCA, pero ni ellos pudieron con su intransigencia. El presidente Santos sabiamente los escuchó e implementó en lo posible sus objeciones que más fueron malas interpretaciones y confusiones, muchas creadas a propósito y de forma irresponsable con el fin de sabotear al gobierno y de paso a la paz que anhela el país.

Aún con lo anterior, el presidente Santos en un empeño prudente, con mucha diplomacia y altura, logró disolver los principales problemas que enfrentó el proceso y lo sacó adelante. Esto sin duda es un hito para la historia pues conseguir la paz aún a costa de una oposición dogmática, retardataria, sectaria y ultraderechista no era nada fácil.

También hay que destacar que a diferencia de sus antecesores, el gobierno de Juan Manuel Santos ha dejado funcionar a la justicia, no ha interceptado ilegalmente a las Altas Cortes ni a los periodistas, no ha realizado falsos positivos, ha implementado la restitución de tierras, ha promovido el respeto por las comunidades y ha incentivado la economía al punto de convertirla en la segunda más próspera de América Latina. Santos no la ha tenido fácil pero con firmeza, disciplina, honestidad, seriedad, profesionalismo y con ese estilo formal que caracteriza a los bogotanos; logró alcanzar lo que otros jamás hubieran logrado de continuar con las “tesis” de sus contradictores.

Pocos saben lo mucho que ha tenido que enfrentar el Presidente, no sólo a una guerrilla anclada en el siglo pasado sino a una clase política igual de des-contemporánea. También a unos medios parcializados por grupos económicos con oscuros intereses que manipulan a su antojo a las masas. Pocos reconocen sus logros en materia económica, sus buenas relaciones con los países vecinos y con las grandes potencias como Estados Unidos, Rusia, China y Europa.

Tal vez el presidente Santos pasará a la historia como aquel mandatario que traicionó a su clase para darle la paz a su país y eso lo pone en un escalafón muy alto donde sólo los verdaderos estadistas llegan, no los burócratas de turno ni los títeres de ex-gobernantes villanos e iracundos, sólo los verdaderos hombres que saben interpretar el contexto en el que viven y así tomar las mejores decisiones para sus conciudadanos.

Las nuevas generaciones le agradecemos al Presidente por todas sus gestiones, no los envejecidos prematuramente bajo políticas dogmáticas sino aquellos que miramos al horizonte y somos capaces de visibilizar un país en paz donde sus habitantes trabajan unidos por el desarrollo en vez de vivir en la continua contienda. Un país donde el que pensemos diferente no signifique que seamos enemigos. Un país donde se entienda que la democracia no se basa en que todos pensemos igual sino en conseguir acuerdos en medio de las diferencias.

Los jóvenes le agradecemos al Presidente Santos por conseguir la paz que hoy en día es nuestro valor más sagrado, también por tener buenas relaciones internacionales, especialmente con nuestros hermanos latinoamericanos. Igualmente, le agradecemos por sus buenos resultados económicos y por encaminar el país hacia el desarrollo y hacia el nivel tecnológico que gozamos. Pero sobre todo, estamos inmensamente agradecidos por recuperar el civismo y la decencia de Colombia.

¡Gracias Señor Presidente!

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