EL COMBATE DE ANGAMOS
Por
Víctor Hugo Chanduví Cornejo
Escribo estas líneas en ocasión de
celebrar el 191 aniversario de la
Creación de la Marina de Guerra del Perú y el 133 aniversario del Combate de
Angamos, considerado como uno de los episodios más gloriosos de nuestra
historia Naval.
Cómo olvidar las hazañas del Almirante Miguel Grau Seminario a bordo del
monitor Huáscar, legendario blindado que se convirtió en un activo baluarte y
defensor del mar peruano durante la Guerra del Pacífico (1879 – 1883).
En plena campaña marítima, al haber perdido el Perú a la fragata Independencia, su mejor buque de guerra, durante el combate naval de Iquique
(21/05/1879), el monitor Huáscar quedaba en adelante como la única nave baluarte de nuestra Armada.
En los meses siguientes, gracias al coraje y la pericia de sus tripulantes, el
Huáscar se cubrió de gloria con sus frecuentes y atrevidas operaciones que se
transformaron en una pesadilla para las naves chilenas, ya que alcanzó a dominar a voluntad el extenso
litoral.
Todo el mundo hablaba de las proezas del Huáscar y del almirante
Miguel Grau en el Océano Pacífico.
Sin embargo, el 8 de octubre de 1879, en Punta Angamos, el Huáscar fue objeto
de una emboscada y se vio rodeado por las naves chilenas Cochrane, Blanco
Encalada y Covadonga. Pese a que las posibilidades de lograr la victoria eran
mínimas, Grau decidió enfrentar a la poderosa escuadra chilena y ordenó el
disparo de los cañones del Huáscar sobre las naves enemigas.
Tras varias horas de heroica resistencia, el monitor no pudo soportar el embate
interminable de la artillería sureña. El almirante Miguel Grau murió debido a
la explosión de un proyectil en la torre de mando, destino que también tuvo el
teniente Diego Ferré, el capitán de Corbeta Elías Aguirre y, finalmente, el
teniente Melitón Rodríguez. El teniente Pedro Gárezon, último hombre al mando,
ordenó abrir las válvulas del monitor a fin de que éste no cayera en manos del
enemigo, pero no pudo conseguirlo ya que los chilenos lograron abordar el
Huáscar antes de que se hundiera.
Por este acto de máxima heroicidad y firmeza en la defensa de nuestro
territorio, cada 8 de octubre se rinde un sentido homenaje al insigne
sacrificio de este grupo de marinos y del Valiente almirante Miguel Grau
Seminario. Héroe que ocupa un lugar preferencial en las páginas de gloria de
nuestra patria, por su calidad humana y proezas como militar. El pueblo peruano
recuerda este día con admiración y rinde honores a uno de sus hijos predilectos
“El Caballero de los Mares".
Es bueno recordar que, hasta 1879 el Perú no tuvo por el sur frontera con Chile
sino con Bolivia, y era Bolivia quien tenía por la costa del Pacifico frontera
con Chile y con el Perú, como lo señala el Maestro Gustavo Pons Muzzo en su
libro Del Tratado de Ancón a la Convención de Lima.
Estos límites fueron violentamente alterados por la guerra de conquista que nos
declaró chile a Bolivia y al Perú en 1879, Culpándolo de haber firmado un tratado secreto que establecía una mutua defensa
con Bolivia.
La Guerra del Pacífico, arrebató a nuestro pueblo parte de su territorio, las
riquezas de su suelo y el producto del esfuerzo de sus hijos.
Después del saqueo de nuestra ciudad capital, la rendición peruana se concretó
con el famoso Tratado de Ancón, firmado en Lima el día 20 de octubre de 1783,
como es de conocimiento general, por don José Antonio de la Valle y don Mariano
Castro Zaldívar, representante del gobierno ilegal e impopular de don Miguel
Iglesias. Este militar peruano, con distinguidos servicios prestados en el
campo de batalla, no fue elegido por el voto popular sino impuesto por la
fuerza y los intereses de chile para “legalizar” su apropiación ilícita de
Tarapacá, Tacna y Arica, así como obtener otros beneficios pecuniarios. Como
señala el Historiador Don Jorge Basadre Ayulo.
Tarapacá era arrancado por la
fuerza bruta de Chile del seno de la patria y este país tenía sólo adscrito
simples derechos posesorios sujetos al plazo de diez años sobre estas dos
últimas provincias que expiraba inexorablemente en el año de 1894 ipso facto y
sin formalidad previa. La propiedad de éstas era peruana y, chile con el
incumplimiento al Tratado conocido como de Ancón, por haberse suscrito en esta
bahía, casi desierta en aquellos tiempos, a fin de evitar posibles revueltas
populares, pretendía legalizar lo ilegalizable de manera torpe y arbitraria:
amañar con dolo enorme, sin habilidad, y con evidente engaño para apropiarse de
lo ajeno.
El decurso de la historia juzgara a Chile sin piedad ni misericordia por su
conducta falaz a las que no tiene derecho ni al perdón ni al olvido. “Es que la
historia le pregunta al pasado cosas que le interesan al hombre vivo” (José
Luis Romero. El Siglo de la Revolución Contemporánea. Bs. As., Fondo de Cultura
Económica de Argentina S.A. 1997, Pág. 75)
Arica no volvió a formar parte de nuestro territorio, pero Tacna colocó el
sello peruano a sus tierras el día 28 de agosto de 1929, estableciendo al Hito
Número Uno de la Concordia como el límite fronterizo entre Perú y Chile, y
ganándose el apelativo de Ciudad Heroica después de permanecer en DOLOROSO
cautiverio chileno durante 46 largos años. Y que parece que los peruanos de hoy
hemos olvidado y a la clase política tampoco le interesa recordar.
La historia nos debe enseñar, como dice el Maestro Vicente Ugarte del Pino, que
Terminada la Primera Guerra Mundial , entre 1914 y 1918, las potencias
vencedoras, siguiendo las normas del Derecho Diplomático e Internacional
usuales desde el Congreso de Viena de 1814, proceden a la clásica Conferencia
de Paz, que aprueba el proyecto británico el 28 de Abril de 1919, de crear una
sociedad de naciones para dar garantías recíprocas de independencia política y
territorial tanto a los grandes estados como a los pequeños. Este acuerdo se
insertó a la cabeza del Tratado de Paz de Versalles (28 de Junio de 1919). El
tratado entró en vigor el 10 de Enero de 1920, fijándose su sede en la ciudad
neutral de Ginebra. Uno de sus más importantes acuerdos fue condenar las
guerras de conquista, obligando a Alemania a devolver las provincias de Alsacia
y Lorena que arrebató a Francia luego de la guerra de 1870.
El jefe de la delegación permanente del Perú ante la Liga de las Naciones era
el ministro plenipotenciario del Perú en Francia, Don Mariano H. Cornejo, un
político del movimiento conocido como La Patria Nueva, que había fundado Don
Augusto B. Leguía, entonces en la presidencia de la República. Además, el
doctor Cornejo se destacó en Europa como uno de los promotores de la sociología
a tal punto que en la “Historia de la Sociología” se le reconoce como el más
relevante de su época. Gozaba de un gran prestigio moral e intelectual y creyó
conveniente plantear la condena a Chile por la guerra de conquista de 1879, en
la que el Perú perdió Tarapacá y que Tacna y Arica quedaron, como un calco de
los tratados que Alemania impuso a Francia y Prusia a Austria, ocupadas por
diez años como las provincias de Alsacia y Lorena hasta lograr, tras un
plebiscito, su anexión.
Deplorablemente, Estados Unidos, que no formó parte de la Sociedad de Naciones,
sostuvo que los problemas americanos se solucionaban en América y no en Europa
proponiendo a Washington para arreglar el conflicto y por ese camino llegaran
al Tratado de 1929, perdiendo una posibilidad inmejorable de recuperar
pacíficamente un territorio irrevocablemente peruano por la incapacidad de
nuestros políticos y la carencia de una política internacional permanente del
Estado definida al margen de los partidos y el juego electoral.
Estimados Conciudadanos, Miguel Grau nos ha legado una lección inigualable de
amor a la Patria y de generosidad. En su persona, en lo más insignificante de
sus acciones, se encuentra grandes cualidades morales. La sencillez, modestia y
humildad de su carácter, eran uno de ellos, como se registra escrito en una de
sus bitácoras, de junio de 1879, en donde dice: “Vamos, yo no soy más que un
pobre marino que trata de servir a su Patria “
Para concluir este recuerdo del Almirante Grau y homenaje a nuestra Marina de Guerra, no “al Ancla “como se diría en el mar, sino esta vez en tierra, recordando las palabras de don Mariano H. Cornejo, de luchar por un nuevo orden internacional, fundado en la justicia, la paz y la seguridad nacional.
Para concluir este recuerdo del Almirante Grau y homenaje a nuestra Marina de Guerra, no “al Ancla “como se diría en el mar, sino esta vez en tierra, recordando las palabras de don Mariano H. Cornejo, de luchar por un nuevo orden internacional, fundado en la justicia, la paz y la seguridad nacional.
Comprometámonos por construir un
Trujillo cada día mejor, fruto de nuestro amor a la patria y de nuestro
esfuerzo por hacer un Perú Libre, soberano, solidario y reconciliado.




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