CHOMSKY: "LA DEMOCRACIA DEBE SUSTITUIR LA HEGEMONÍA DE LOS EE.UU"
Por Rafael Mathus- La Nación
(Envío de Manuel
Antonio Ledesma)
En su oficina, Noam Chomsky vive rodeado de libros,
plantas y fotos de su mujer, sus hijos y sus nietos. Una imagen gigantesca del
filósofo Bertrand Russell domina el ambiente. En la entrada, colgada al lado de
la puerta, está enmarcada la portada de la revista The American Prospect de
abril de 2005. "Entre Chomsky y Cheney", reza el título, acompañado
de una caricatura en la que ambos se miran con furia.
El intelectual que revolucionó la lingüística moderna en
los años 60 ha sido un feroz crítico de Estados Unidos, en particular, de su
política exterior. "La mejor forma de evitar el terrorismo es dejar de
practicarlo", atizó, luego de los atentados del 11-S. Chomsky no ha
atenuado sus críticas: hace poco, dijo que el presidente Barack Obama era peor
que George W. Bush, y que sólo lo votaría si Massachusetts fuera un Estado en
disputa, con el fin de impedir el regreso de los republicanos a la Casa Blanca.
Vestido con pantalón y camisa de jean y zapatillas
blancas, se lo ve un poco más gordo que hace unos años. Chomsky revela en
seguida su cordialidad cuando interrumpe la primera pregunta para pedirle a
este corresponsal que le cuente sobre su vida. Luego, generoso, deja que la
charla se estire unos minutos más allá de los 20 acordados en un intercambio de
correos electrónicos con su asistente, Bev Stohl, y se presta para algunas
fotos mientras intenta comunicarse por Skype con una alumna en Europa para
discutir su tesis.
-¿Cómo
cree que será el desenlace de este conflicto entre la sociedad civil y el poder
tradicional que se ve en las protestas en distintos lugares del mundo?
-Nunca se pueden predecir esas cosas. Si alguien hubiera
preguntado hace un año qué pasaría si un par de jóvenes ocupaban el Parque
Zuccotti, la predicción racional, lo que yo hubiera dicho, es que iban a ser
expulsados por la policía al día siguiente y que todo habría terminado. Bueno,
eso no sucedió. Se encendió. Acabo de reunirme con un grupo de activistas de
Chile. Si alguien hubiera preguntado un año y medio atrás qué pasaría si un
grupo de estudiantes marchara en las calles para oponerse al grotesco costo de
la educación y su sistema educativo clasista, hubiera recibido la misma
predicción. No pasará nada. Pero resulta que sí pasó, lleva años, atrajo a
otras personas, y está desafiando las bases del régimen que dejó Pinochet por
primera vez. Y lo mismo en la Plaza Tahir. ¿Quién puede hacer predicciones? El
desenlace dependerá de lo que haga la gente.
-¿Cuál es el cambio más significativo que provocaron las
protestas?
-Hay varias diferencias entre Egipto, España, Chile,
Estados Unidos y los demás. Pero hay algunos elementos comunes. En su mayor
parte, es una rebelión contra el neoliberalismo, que fue un fracaso por su
diseño. Es un sistema diseñado para el beneficio de un pequeño sector de
privilegio y poder. Ha sido un desastre en casi todas partes. Después de un par
de décadas de graves, graves desastres, finalmente, hace unos diez años,
América latina ha ido levantándose. La Argentina fue uno de los primeros, de
hecho. Pero Bolivia, Ecuador, Venezuela, Brasil, han estado saliendo. En Africa
del Norte, en la "primavera árabe", una gran parte de las revueltas
fueron en contra del neoliberalismo. Las medidas neoliberales han sido
impuestas por los culpables de siempre: el FMI, el Banco Mundial, el
Departamento del Tesoro, y así sucesivamente. Los países fueron muy elogiados
por las instituciones internacionales, como la Argentina, que fue alabada por su
economía magnífica justo el día antes de que se derrumbara totalmente. Eso es
normal. Y, de hecho, el sistema fue bueno para algunos. Hubo crecimiento, y el
crecimiento fue, como de costumbre, muy concentrado. Para la mayoría de la
población, significó el estancamiento, y la disminución o eliminación de los
sistemas de apoyo, las consecuencias habituales. También la corrupción,
tremenda, que siempre viene aparejada. Y la población simplemente se levantó
contra eso. En Túnez, y lo mismo en España y Grecia, y los Estados Unidos y
Chile. Hay variantes diferentes, pero la misma falla de diseño.
-En América latina muchos ven dos modelos, uno vinculado
a Venezuela y el otro a Brasil, ¿cuál cree que puede prevalecer?
-Depende de dónde estén las presiones y de lo que haga la
gente. Otro modelo es la Argentina. Canceló, en efecto, su deuda, ante el
rechazo de las instituciones internacionales y la denuncia de los economistas
que advertían que iba a ser un desastre total. Pero la diferencia más extrema
que yo veo es entre Bolivia y Colombia. En Colombia, por primera vez hay una
voluntad seria de condenar las atrocidades de los paramilitares. Washington
está siendo expulsado de todas sus bases militares en América latina, aunque
está tratando de mantenerse en Colombia. Brasil es un caso interesante. En el
discurso contemporáneo de Estados Unidos, es el buen ejemplo. Pero si uno echa
un vistazo a las políticas de Lula, no son muy diferentes de las del gobierno
de [João] Goulart en la década del 60. Bueno, la reacción de los Estados Unidos
en ese momento fue organizar un golpe que estableció el primer Estado de
seguridad nacional al estilo neonazi en la región, y se extendió como una
plaga. Ahora la reacción es darle una palmada en la cabeza y decir
"ustedes son los chicos buenos". Eso es un signo de los cambios. El
poder de Estados Unidos para intervenir no es cero, pero ha declinado, y la
conciencia es cada vez mayor en América del Sur, y, en cierta medida, en
América Central, de que no se tiene que aceptar esa dominación.
-¿Quién cree que puede sustituir a los Estados Unidos?
-En un escenario óptimo, lo reemplazarán los propios
países. Es como preguntar quién debe sustituir a una dictadura. Bueno, no otra
dictadura. La democracia y la libertad deben sustituir la hegemonía de Estados
Unidos. No hay necesidad de una hegemonía mundial. Y no hay nadie en el
horizonte. El poder de los Estados Unidos está disminuyendo, pero Estados
Unidos es abrumadoramente más poderoso que cualquier otro país del mundo.
-Pero, ¿cree que es esperable que el multilateralismo
tenga éxito? Vemos estancamiento en Siria, la cumbre de Río fracasó, y en
Europa, los líderes no parecen atinar a dar una respuesta contundente...
-En Europa hay más fallas de diseño. Las políticas de
austeridad en la recesión casi con garantía dañarán a las economías, aunque el
Banco Central Europeo está empezando a reconocer eso. Es una falla clasista que
perjudica a la población y está desmantelando el contrato social. Los derechos
laborales están siendo destruidos. El poder privado ha aumentado. No tiene que
ser así, hay otras opciones. De hecho, Estados Unidos tuvo una política más
progresista que Europa continental para responder a la crisis. Eso no es muy
bueno, pero al menos es algo. Hubo medidas aquí para evitar la depresión. Y hay
un crecimiento muy, muy lento. Europa es lo contrario, se dirige hacia una
depresión. Ahora está cambiando, y se está hablando de hacer lo que debería
haber hecho en primer lugar. Pero éstas son opciones. No son leyes de la
naturaleza.
-¿Es optimista respecto del futuro?
-Si miro el mundo objetivamente, creo que será un milagro
si los seres humanos sobreviven en un mundo decente dentro de cien años. No por
lo que estamos hablando. Estas son cosas que se pueden solucionar. Creo que con
mejores políticas se podrían mitigar algunos de estos problemas, tal vez
cambiarlos radicalmente si hay, por ejemplo, un movimiento serio que se
proponga trabajar en empresas que estén en manos de comunidades. Pero hay otros
problemas que no son fáciles de solucionar. Podemos estar yendo hacia un
precipicio. La cumbre de Río es un buen ejemplo. No pasó nada. Había
aspiraciones muy bajas, y los resultados fueron irrisorios. Somos como lemmings
caminando a un precipicio. Es un problema muy serio.
-¿Cómo se puede evitar eso?
-Puede ser demasiado tarde para evitarlo. Pero una cosa
es clara: cuanto más esperemos, más duro será. Y vamos en la dirección
equivocada. Hay un montón de entusiasmo y euforia ahora por las nuevas fuentes
de combustibles fósiles, por ejemplo en Brasil y en Estados Unidos. De hecho,
Obama habló con mucho entusiasmo de que podamos tener un siglo de independencia
energética debido a la explotación de combustibles fósiles. The Financial Times
publicó un informe sobre las grandes perspectivas para el siglo de la
independencia energética de los Estados Unidos. La única cosa que ninguno de
ellos preguntó es ¿qué clase de mundo va a ser después de un siglo de
explotación de los combustibles fósiles, que están destruyendo el medio
ambiente?
-Lleva más de medio siglo en el MIT, ¿no cree que las
nuevas generaciones, los jóvenes, sus alumnos actuales, puedan resolverlo?
-No se puede predecir eso. Cuando llegué aquí, en los 50,
era una década muy pasiva. No pasaba nada. Si usted caminaba por los pasillos
del MIT cuando llegué aquí en 1955, veía hombres blancos bien vestidos,
obedientes, indiferentes, haciendo su tarea, sin interés en nada. Dé un paseo
por los pasillos ahora. La mitad son mujeres, un tercio son minorías, y hay una
gran cantidad de activismo estudiantil en todo tipo de temas. Hay un grupo
dedicado al cambio climático aquí, muy bien considerado, que disiente del
consenso internacional porque lo considera demasiado conservador. Piensan que
la situación es mucho peor que lo que se cree. Estos cambios son muy
significativos. ¿Podría alguien haberlos previsto? No.
-Usted dijo que el progreso es lento, pero dramático en
períodos largos de tiempo. Después de la crisis global, ¿qué progresos cree que
ha hecho el mundo?
-Hay progresos. Por un lado, el discurso general, incluso
en los medios tradicionales, y en los medios económicos, ha cambiado. Ahora hay
atención en temas que estaban ocultos hace un año, temas como la desigualdad,
la corrupción corporativa, el vapuleo del proceso político con la cantidad de
elecciones que se compran. También el tema ambiental se ha acercado al primer
lugar de la atención pública y al centro de las preocupaciones. Eso ya es un
cambio. ¿Puede haber un cambio en la implementación de políticas? No en tres
meses. Hay que ver. Hay ejemplos para pensar. Tome 1960. Cuatro estudiantes
negros de un colegio negro en Carolina del Norte se sentaron en una cafetería y
pidieron ser servidos, algo que era ilegal. Fueron arrestados, por supuesto, y
tratados de manera muy dura. Eso podría haber sido el final, al igual que el
Parque Zuccotti podría haber terminado el primer día. Bueno, no lo fue. Otros
los reemplazaron. Muy pronto el movimiento popular se expandió y se
introdujeron cambios sustanciales. Eso no se podía predecir. Más tarde, en la
década de 1960, pequeños grupos de mujeres, jóvenes sobre todo, comenzaron a
formar grupos para crear conciencia, en los que hablaban acerca de si la
represión bajo la cual vivían era una ley de la naturaleza. Muy pronto, usted
tuvo un movimiento sustancial de mujeres que probablemente cambió la cultura en
todo Occidente más que cualquier otro movimiento. No se pueden predecir estas
cosas. Yo estaba en Argentina en 1999, y no había forma de predecir lo que pasó
en la década siguiente. Fue una sorpresa total.
-Habla sobre todo de fenómenos que pasaron en Estados
Unidos. En 2003, dijo que era el mejor país del mundo. ¿Aún lo cree?
-Dije que en algunos aspectos, lo es. Hay aspectos en los
que es el país más libre del mundo, con un montón de buenas características. Hay
otros aspectos en los que ha hecho cosas terribles.



Comentarios
http://elcomercio.pe/actualidad/1445109/noticia-hernando-soto-conflicto-peru-no-social-sino-economico
SALUDOS. FERNAN GOZALES