CONTRACAMPAÑA
Por Dante Ramos de Rosas
En 1993 trabajaba en una radio trujillana y conocí a Carlos Bologna Behr, exministro de economia de Fujimori. Lo ví en la Cámara de Comercio junto a Hernán Buchi, quien fuera ministro de economía de Pinochet. Fueron citados para una conferencia que se hacía todos los meses de octubre en esa sede empresarial.
Aquella vez Bologna me pareció un tipo poroso a la consejería política. Había publicado un libro donde reconocía las bondades de un ministro de economia en la epoca del presidente Manuel Prado y que impuso un corte liberal al país. Pedro Beltrán fue el nombre de ese “aparecido” —como diría mi abuela— en la vida política del Perú.
Más tarde lo vimos en su lanzamiento como candidato presidencial el 2001. “Solución Popular” se llamaba su movimiento. El símbolo era un caño de agua. Y fue lanzado en el coliseo Dibós, teniendo a su lado al actual alcalde de Olmos y que hubo de ser congresista del fujimorismo del 95 al 2000. Fue el único congresista que defendió a Montesinos cuando salieron los sabrosos videos con Koury.
Se trataba de Willy Serrato. Willy, quien es un folclórico en potencia y nativo consumidor de las costumbres animistas de su tierra lambayecana en las que el consumo de chicha de jora, caballas y brujería no faltan o son porotos diarios, se ubicó al costado de la guapa esposa chotana de Bologna —que responde al apellido Acuña— y comenzó a hacerle una limpia con cuyes y hojas de sábila al candidato —hijo de un ex rector de la UNT, don Ulises Bologna—.
Muy poco científico y serio el hecho siendo Bologna hijo de rector y habiéndose formado en las númericas y frías bases de universidades británicas donde conviven el reino de las fraternidades con la asepsia academicista.
El retrato del padre de Bologna se ubica en el local central de la calle Almagro y fue facturado por Manuel Marquez Asmad, natural de Moche. Marquez pintó los frescos de la iglesia de San Pedro en Lambayeque, Moche y en diversas capillas del norte piurano.
“Solucion Popular” fracasó estrepitosamente en esa campaña, pues solo logro hacer entrar al inefable e inacabable “gordo” Alfredo Gonzales al parlamento. Se comprobó acaso que el Perú era hincha de universitario, pues el “gordo” fue dirigente de la “U” mucho tiempo. Eso es lo que se llama “nicho de mercado” o “segmento cautivo”.
Bologna se atrevió a una sola cosa. Fue a pasar una noche a la habitación de una familia pobre en una zona alejada de Lima. Pensó que así sería aceptado en el imaginario popular. Pero no pensó en un detallito. Bueno, él no tenía que pensarlo todo sino sus marketeros.
Lo que Bologna debió haber hecho es invitar a ese mismo poblador a pasar una noche o más en su casa, y volcar eso en la campaña a modo de vivido reality show. O ser fabiano, es decir contemporaneizar con sus votantes. Así hubiera encarnado en más votos su campaña. Ida y vuelta completa. Ergo, feedback total.
No sé si eso hubiera bastado para levantar su campaña. El trascendido de lo que preciso en ese canje de voluntades entre candidato y votantes es que hay que hacer cosas en campaña reveladoras y sin tabues donde la gente interactue rapidamente y alterne entre sí en lo que ahora se llama el 2.0 o el “tú a tú”, y que las redes sociales hoy han llevado al nivel del cielo como posibilidades concretas y horizontales de plasmar que una candidatura levante vuelo frente a lo que el resto hace.
Como diria un viejo amigo creativo hoy en miami: “Todo el mundo puede hacer lo que yo hago pero nadie como yo lo hago”.
Valga su ego.
Foto: diario16.pe
En 1993 trabajaba en una radio trujillana y conocí a Carlos Bologna Behr, exministro de economia de Fujimori. Lo ví en la Cámara de Comercio junto a Hernán Buchi, quien fuera ministro de economía de Pinochet. Fueron citados para una conferencia que se hacía todos los meses de octubre en esa sede empresarial.
Aquella vez Bologna me pareció un tipo poroso a la consejería política. Había publicado un libro donde reconocía las bondades de un ministro de economia en la epoca del presidente Manuel Prado y que impuso un corte liberal al país. Pedro Beltrán fue el nombre de ese “aparecido” —como diría mi abuela— en la vida política del Perú.
Más tarde lo vimos en su lanzamiento como candidato presidencial el 2001. “Solución Popular” se llamaba su movimiento. El símbolo era un caño de agua. Y fue lanzado en el coliseo Dibós, teniendo a su lado al actual alcalde de Olmos y que hubo de ser congresista del fujimorismo del 95 al 2000. Fue el único congresista que defendió a Montesinos cuando salieron los sabrosos videos con Koury.
Se trataba de Willy Serrato. Willy, quien es un folclórico en potencia y nativo consumidor de las costumbres animistas de su tierra lambayecana en las que el consumo de chicha de jora, caballas y brujería no faltan o son porotos diarios, se ubicó al costado de la guapa esposa chotana de Bologna —que responde al apellido Acuña— y comenzó a hacerle una limpia con cuyes y hojas de sábila al candidato —hijo de un ex rector de la UNT, don Ulises Bologna—.
Muy poco científico y serio el hecho siendo Bologna hijo de rector y habiéndose formado en las númericas y frías bases de universidades británicas donde conviven el reino de las fraternidades con la asepsia academicista.
El retrato del padre de Bologna se ubica en el local central de la calle Almagro y fue facturado por Manuel Marquez Asmad, natural de Moche. Marquez pintó los frescos de la iglesia de San Pedro en Lambayeque, Moche y en diversas capillas del norte piurano.
“Solucion Popular” fracasó estrepitosamente en esa campaña, pues solo logro hacer entrar al inefable e inacabable “gordo” Alfredo Gonzales al parlamento. Se comprobó acaso que el Perú era hincha de universitario, pues el “gordo” fue dirigente de la “U” mucho tiempo. Eso es lo que se llama “nicho de mercado” o “segmento cautivo”.
Bologna se atrevió a una sola cosa. Fue a pasar una noche a la habitación de una familia pobre en una zona alejada de Lima. Pensó que así sería aceptado en el imaginario popular. Pero no pensó en un detallito. Bueno, él no tenía que pensarlo todo sino sus marketeros.
Lo que Bologna debió haber hecho es invitar a ese mismo poblador a pasar una noche o más en su casa, y volcar eso en la campaña a modo de vivido reality show. O ser fabiano, es decir contemporaneizar con sus votantes. Así hubiera encarnado en más votos su campaña. Ida y vuelta completa. Ergo, feedback total.
No sé si eso hubiera bastado para levantar su campaña. El trascendido de lo que preciso en ese canje de voluntades entre candidato y votantes es que hay que hacer cosas en campaña reveladoras y sin tabues donde la gente interactue rapidamente y alterne entre sí en lo que ahora se llama el 2.0 o el “tú a tú”, y que las redes sociales hoy han llevado al nivel del cielo como posibilidades concretas y horizontales de plasmar que una candidatura levante vuelo frente a lo que el resto hace.
Como diria un viejo amigo creativo hoy en miami: “Todo el mundo puede hacer lo que yo hago pero nadie como yo lo hago”.
Valga su ego.

Foto: diario16.pe


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