LA RESISTENCIA DE NUESTRA DEMOCRACIA: REFLEXIONES POST ELECTORALES
Por Juan R. Gamarra Nieto
Ha finalizado el proceso electoral y puedo sentir una transitoria tranquilidad de haber depositado mi voto después de una gran angustia, incertidumbre y confusión por lo que fue la “fiesta electoral” (puyazos y circo). De seguro los resultados finales van a mostrarnos los extremos a los que ha llegado nuestra débil democracia. Me pregunto ¿Hasta dónde resistirá sin romperse? y ¿Cuáles son los rasgos de resistencia que ha mostrado hasta hoy?, aquí esbozo algunos:
Haber funcionado, hasta ahora, con un sistema de partidos cuasi fosilizado, incapaz de saber mirar y hacer una lectura objetiva de nuestra realidad, partidos capturados por cúpulas cuasi gerontológicas, sin doctrinas e ideologías que guíen sus acciones, sin sintonizar con la población y sus demandas, todos ellos absorbidos en el pragmatismo como guía.
Ser una democracia casi no representativa y con una participación ciudadana amorfa, desorganizada. Mantenerse a pesar del alto grado de corrupción enquistado en el aparato del Estado y que gana espacio en otros ámbitos y que es cada vez más preocupante.
Conservarse en medio de un modelo económico antidemocrático como es el neoliberal, donde unos pocos ganan mucho y muchos ganan poco o casi nada. Haber resistido, hasta hoy, sin un crecimiento sostenido de ciudadanía, de civismo, de interés por hacer decente nuestra política.
Mantenerse casi alejada de un Plan Nacional Concertado que recoja los puntos del Acuerdo Nacional. Conservarse en medio de una anomía institucional casi permanente.
Resistir a pesar de no coexistir la tolerancia y concertación como aspectos fundamentales de una cultura democrática. Funcionar en el marco de una realidad de desigualdad, exclusión y pobreza donde la población del interior casi no siente el “chorreo” o “que el Perú avanza”.
De ver los malls y grandes edificios que surgen y ellos continúan en chozas sin servicios básicos, sin poder ejercer sus derechos a una educación, salud, trabajo de calidad y justo, sin seguridad social, sin servicios básicos. Es decir una democracia que se estira y resiste por un Estado que ha olvidado su rol promotor y abusa de políticas públicas asistencialistas y clientelistas.
Mantenerse a pesar de la ausencia de mercados internos postergados por los externos (TLC’s), una democracia que se esfuerza en resistir, en no morir a pesar de que la riqueza del país se va sin un pago justo y ver a una patria cuyos hijos sufren viendo como casi se regalan sus productos.
Una democracia que se esfuerza de mantenerse a punta de una política económica divorciada de la política social, con un crecimiento económico pero no de un proceso de desarrollo sostenido, con un aparato productivo competitivo que de valor agregado a sus productos. De soportar el maltrato, autoritarismo y abuso del mandatario actual.
Me pregunto ¿De qué valió más de diez años de crecimiento económico sin políticas que reduzcan la desigualdad, exclusión y pobreza? El Perú “D”, “E”, y parte del “C”, han hecho un llamado de atención a la “clase” política; esa que se preocupó de sus intereses y se olvidó que representaba al pueblo y sus aspiraciones, eso es lo que ha captado Ollanta y se lo debe de agradecer al presidente García, pues tanto crecimiento económico y nulo correlato en políticas sociales que atiendan la demanda de un pueblo que no puede seguir siendo postergado en sus aspiraciones, de querer ejercer sus derechos sociales, económicos y políticos.
Los dos contrincantes que pasen a la segunda vuelta deben reflexionar y en ejercicio democrático tender puentes y concertar para que estos rasgos aquí enunciados no sigan poniendo en peligro nuestra democracia, de no hacerlo no creo que nuestra democracia siga resistiendo.


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