KO TÉCNICO


Por Roberto Castro

Entradas las primeras horas del lunes, la tendencia de los resultados electorales de la ONPE camina hacia un escenario claro, anticipado por los sondeos a boca de urna y el conteo rápido de Ipsos APOYO Opinión y Mercado: la segunda vuelta tendrá como protagonistas a Ollanta Humala y Keiko Fujimori, quien a las 3:34 a.m. (al 64.3% de actas contabilizadas) pasó oficialmente al segundo lugar en detrimento de Pedro Pablo Kuczynski. Dicho en otros términos, la sombra amenazante del antisistema económico versus el fantasma reminiscente del antisistema político.

Sucede que, siempre en el marco del respeto a la democracia, es posible afirmar inequívocamente que las percepciones que despiertan Humala y Fujimori son precisamente ésas: la de discursos reñidos con la estabilidad que ha caracterizado el clima de negocios e inversión en el país de la mano del crecimiento sostenido de los últimos años. Porque aun cuando ambos candidatos hayan podido o puedan virar sus prédicas hacia discursos más conciliadores, los agentes económicos modelan su comportamiento -y, por ende, el de la economía misma- sobre la base de expectativas.

Por ello, como se sostiene en el artículo de portada de la última edición de Semana Económica, las ocho semanas que vienen al 5 de junio, día de la segunda vuelta electoral, serán de plena incertidumbre para los mercados. Habrá algunos efectos inevitables: sectores como la construcción, por su naturaleza de negocio de largo plazo, verán postergadas algunas decisiones de inicio de obras, y algunos negocios altamente sensibles al riesgo, como la publicidad, determinarán una contracción en ciertos rubros de la demanda interna y quizá hasta variaciones en algunos precios referenciales como los de los vehículos nuevos o los inmuebles. Es posible que resulte prematuro anticipar un “frenazo” generalizado de dos meses, pero está claro que en los días venideros las empresas postergarán la toma de cualquier decisión de corto plazo.

Ante dicho panorama, la gran pregunta que surge es por qué se llegó a esta situación, si hace un par de meses todo sugería que los esfuerzos de un importante sector del empresariado por poner en agenda temas de inclusión social y mayor acceso a mercados -en buena parte derivados de la lección supuestamente aprendida del escenario de segunda vuelta del 2006- habían calado en el electorado y modelado en cierta medida sus preferencias. En ese sentido, habrá quienes apuntalen a la atomización del voto pro mercado en búsqueda de aparentes culpables políticos que no habrían renunciado a tiempo a sus aspiraciones, o también a la falta de comunicación con ciertos grupos de interés, sobre todo en el interior del país. Pero más allá de ello, queda una vez más demostrado que en el largo plazo el divorcio entre una economía madura y una política inmadura es insostenible, y que una termina haciendo pagar pato a la otra.

Así, en cualquier caso, lo indudable es que algo ha fallado. Porque de la misma manera en que un balance general de cierre de ejercicio contable determina si una empresa tuvo utilidades o pérdidas más allá de cuáles hayan sido las intenciones gerenciales, esta vez el resultado técnico es un decidido knock out a la estabilidad económica del país. ¿Es momento de un “mea culpa” empresarial o de quienes defendemos el avance de la economía en general? ¿Qué cree usted que no funcionó o se hizo mal esta vez? Ayúdenos con sus ideas para levantarnos, subir al ring y creer que este ha sido solo un round difícil y que es posible seguir boxeando. (Fuente: Semana economica).

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